Formación para padres: Convivir con uno mismo

Debemos aprender a convivir con nosotros mismos para así aprender a convivir con los otros

En artículos anteriores hemos escrito sobre la empatía -definida como la comprensión hacia los sentimientos y actitudes de las personas- me ha parecido adecuado profundizar más en la propia comprensión para potenciar una óptima convivencia familiar; si uno no conoce sus propios sentimientos difícilmente podrá convivir en paz con los de su hogar.

Me ha inspirado una frase simpática de Noel Clarasó: “Tratar de mejorarse uno mismo es empresa que da mejor resultado que tratar de mejorar a los demás”.

Se trata de reconocer dónde tenemos el punto débil que dificulta la convivencia y con serenidad y paciencia hacer el esfuerzo de limarlo. La aceptación de nuestros defectos y el afán de superación por mejorar son positivos para la educación de los nuestros. ¿Qué ánimo tendrían los niños y adolescentes por enmendarse si sus progenitores no fueran nunca capaces de pedir perdón cuando se han equivocado?

Si estamos acelerados se hace difícil encontrar un tiempo para esta empresa importante que es el conocimiento propio. Ahora bien si nos paramos, como estamos haciendo ahora al leer, nos damos cuenta que un espacio para la reflexión también lo encontraremos; no se trata, sin embargo, de dar vueltas y vueltas al mismo problema de nuestro temperamento o de las circunstancias con las que tenemos dificultades, una actitud así podría derivar en una adición mental que no produciría ningún beneficio, más bien nos conduciría a la angustia, a volvernos malhumorados o a cerrarnos.

Un comportamiento influido por el pesimismo nos guiaría hacia la tristeza, a no olvidar traumas cargando las culpas a los demás, a tener memoria de los agravios recibidos, en definitiva, nos quedaría menguada la capacidad para dar y recibir afecto, fundamental para vivir con paz, lograr libertad y dar felicidad a nuestra familia.

Para mejorar la convivencia con nuestro marido, mujer e hijos nos hacemos tres preguntas para reconocer alguno de nuestros defectos y de esta manera intentar solucionarlos:

  1. ¿Somos de los que nos sentimos ofendidos cuando alguien de nuestra familia nos avisa de que algo no va?, o bien, después del primer impulso de enojo pensamos: “¡Qué bien que me conocen, me han aclarado algo que no estaba bien, un objetivo más para intentar mejorar y hacernos la vida de familia mas agradable!”
  2. Nuestros hijos nos han pedido hacer una salida con otros padres de la escuela que aún no conocemos; ¿busco otra actividad para aquel día no hacer el esfuerzo de conocer gente nueva?, o bien digo: “¡chicos vamos, es una buena oportunidad para pasarlo bien!” y…me olvido de mi timidez.
  3. En compañía de amigos o amigas, ¿me gusta siempre llevar la contraria, hablar sólo de mis cosas, tengo tendencia a llamar la atención, me cansa escuchar?

Son tres posibilidades para rectificar. De hecho son sentimientos negativos de susceptibilidad, de amor al ego, de comodidad, de necesidad de ser el centro de atención, puntos para mejorar y hacer que en nuestras relaciones familiares se viva la alegría y la comprensión.

Y para alcanzar tener una actitud positiva y optimista os obsequio con esta frase del escritor irlandés Oliver Goldsmith, nacido en el año 1728: “Nuestra mayor gloria no consiste en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”

Nota: Si estáis interesados en leer anteriores artículos de educación, es necesario buscar en Archivo histórico escribiendo: “Formación para padres”

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Cas Morín

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