La reunión familiar en la mesa

Cercana la Navidad os escribo esta pequeña reflexión. Es en estas fiestas cuando muchos nos reencontramos con la mesa adornada, con comidas típicas de cada región – la mayoría de veces bien elaboradas por las abuelas, que nos transmitensu cultura gastronómica–, con el jolgorio de los niños pequeños, con el encuentro de los hermanos, los recuerdos de los abuelos (algunos ya nos han precedido) y los afanes de los más jóvenes.

Por encima de todo, está el deseo de vivir el cariño y amor que nos trae el Niño Jesús con su nacimiento en Belén, representado en todos los hogares cristianos con el pesebre, en el que intervienen, normalmente, niños y mayores, como nos ilustra la fotografía de esta niña pequeña.

Muchos pensamos que sentarse juntos durante la comida es un elemento de cohesión familiar y social y a la vez una buen elemento de educación de nuestros hijos y nietos. Es el tiempo de hacer un alto en las actividades y poder rogar toda la familia conjuntamente bendiciendo la mesa y dando gracias a Dios por los alimentos que nos son dados.

Es este el espacio de reunión, de la tertulia y del reposo familiar en el que no sólo debemos dar importancia a la forma de coger los cubiertos, sino a valores más fundamentales como el que el joven tenga la iniciativa de ceder la fruta que más le gusta a un hermano o a un invitado, o saber escuchar y no interrumpir con voz fuerte o esperarse a levantarse de la silla hasta que todos hayan terminado. Paciencia, generosidad y esfuerzo quedan bien patentes, sencillos ejemplos de la convivencia cotidiana.

Algunos recordamos el argumento de la película “El festín de Babette”, de la escritora danesa Karen Blixen, interpretada genialmente por aquellos comensales que no sabiendo ni el nombre de lo que comen (menos el coronel) van suavizando sus formas de hablar, se arrepienten de haber enojado a los demás y se llena toda la mesa de miradas de complicidad, de perdón, de amor y de agradecimiento a las dos hermanas que han quedado solteras para ocuparse de la comunidad que les había legado su padre difunto. Para Babette la cocina es un arte mediante el cual es capaz de otorgar la felicidad a las personas que disfrutan de sus platos.

¡Que conveniente es en la actualidad no olvidar la mesa! Las prisas por el trabajo y las dificultades que nos surgen cada día podrían ir arrinconando el encuentro diario familiar, fuente de descanso y de comunicación. A muchos, debido a la carencia de tiempo, nos resulta muy práctico tomar alimentos de la nevera y en plan rápido – todo debe ser rápido –, comer desordenadamente con los consecuentes problemas de salud normales cuando se vive sin poder recuperar fuerzas.

Es un arte la cocina de muchas abuelas que transmiten las recetas tradicionales a sus hijos y nietos con la seguridad de que la memoria de los fogones y los platos típicos no se olvidarán; siempre habrá algún artista que tomará el relevo y que se ocupará de que al menos en las celebraciones familiares “probemos” las recetas de la abuela, nos sentemos alrededor de la mesa, para dialogar y vivirla con especial espíritu de servicio en grandes celebraciones como el día de Navidad. El ejemplo de la Sagrada Familia nos podrá ayudar a mejorar en atención y solicitud en la mesa para hacer felices a los demás.

Santas Navidades, 2007, os desea,

Victoria Cardona

Autora de Ensenyar a viure Pòrtic 2006)

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