Carta Semanal de Josep Miró i Ardèvol: la amenaza a la enseñanza concertada es un atentado a los derechos de los padres

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A pesar de que la ministra de Educación, Isabel Celaá, lo ha matizado en declaraciones posteriores, lo cierto es que su comparecencia en la comisión del Congreso de los Diputados en la que expuso su punto de vista sobre la enseñanza mantiene abiertos todos los interrogantes, aunque sólo sea porque una declaración leída en el Congreso y que figura en el acta tiene un carácter mucho más formal y vinculante, que unas declaraciones hechas a un medio de comunicación después, seguramente inducidas por el revuelo que despertó su punto de vista.

Porque lo realmente preocupante es la mentalidad que manifestó la Sra. Celaá, concretamente afirmó: “el derecho a la educación siempre recae sobre los individuos que son sujetos de aprendizaje, no recae sobre las familias, ni sobre los territorios, ni sobre las religiones. ¿Quién no puede estar de acuerdo con esta matización tan importante?”. Lo que la ministra no ha respondido es la contradicción que expresa su frase. ¿Cómo pueden ser sujeto de derechos el niño y no la familia, como afirma, si cuando es menor de edad son los padres a quienes les corresponde la patría potestad? Lo que dijo Isabel Celaá tendría en todo caso sentido para la enseñanza universitaria, si bien sería un apunte superfluo por la evidencia, pero referido como es el caso a la educación de primer y segundo ciclo es evidente que lo que aletea es el rechazo al derecho a las familias a decidir sobre la educación moral y religiosa de sus hijos. Este derecho contemplado en la Constitución es precisamente uno de los fundamentos de la escuela concertada, al tiempo garantía que el estado no se apodere de lo que es derecho y deber de los progenitores. Que al final a base de recortes de sus atribuciones quedarán como unos simples proveedores de servicios a sus hijos.

El ejercicio de dicho derecho incluye también a la escuela diferenciada que es sujeto de ataques continuados, bajo la absurda idea de que discrimina. Lo que nunca han dicho es cuál es el centro diferenciado que discrimina, si el que acoge a los chicos o el que acoge a las chicas. Este argumento, el de la discriminación, lleva además aparejado un implícito: hay padres y madres que quieren que sus hijos sean “discriminados” y por ello los llevan a determinados centros. Absurdo. Si quieren hablar de discriminación sería mejor que prestaran atención sobre el sistema público que a juzgar por los datos de fracaso escolar discrimina fuertemente a los hijos de los inmigrantes que presentan unos niveles de fracaso que son el triple de la población autóctona pero es que dentro de estos últimos también discrimina a los chicos en relación a las chicas porque estas segundas presentan un nivel de fracaso que es la mitad del de los chicos. Que esta situación se produzca en la red pública sin que el responsable de la misma administración, educadores y padres, nos digan nada no es precisamente una actitud que pueda tranquilizar.

Todo ello hace pensar que la enseñanza está sometida a apremios ideológicos muy fuertes y que estos están por encima de la búsqueda de respuesta para obtener resultados buenos e inclusivos.

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Cas Morín

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