Carta Semanal de Josep Miró: la vida no se acaba sólo con el proceso

Apreciado amigo/Apreciada amiga:

Cuando recibas la carta, las elecciones al Parlament de Catalunya estarán a punto de terminar o se habrán llevado a cabo. No sé si esto pondrá fin a un período difícil para nuestro país, pero con toda certeza habrá acabado un capítulo que como una especie de torbellino ha centrifugado todas las cuestiones, por importantes que sean, reduciéndolas a una sola. Es necesario que el nuevo capítulo que comienza el 22, sea capaz de centrar la atención sobre otras cuestiones nada menores, como la falta de natalidad que nos lleva a una crisis terminal en 40 años (me cuesta mucho entender la hegemonía del debate sobre la independencia, sea cual sea la posición, y al mismo tiempo la voluntad de ignorar que de continuar en el desierto demográfico actual, antes de medio siglo lo que prácticamente no habrá será el país, al menos no tal como lo conocemos). Y desde este problema demográfico a otras cuestiones como el fracaso real de nuestro sistema escolar, por citar un ejemplo más.

En este contexto hay una serie de aspectos que como cristianos nos deberían ocupar e interesar mucho. Uno de ellos, evidentemente, es el de la reconstrucción de la concordia como ya os he comentado en cartas anteriores, que será objeto de especial atención pasadas fiestas. Pero hay otros, como las tres cuestiones fundamentales. La del aborto que sigue siendo una lacra importante desde el punto de vista religioso, ético y ahora también por su impacto demográfico y económico. Es decisivo el derecho de los padres a la educación de los hijos que está salvaguardado por la Constitución (en este sentido la relativización de las normas constitucionales significa en la práctica una amenaza para aquellos derechos, como es el caso de los padres y la enseñanza, que no estén bien vistos por la mayoría política circunstancial). Es evidente que sigue en pie el problema de la escuela diferenciada, cada vez recibe más embates la escuela concertada y casi se ha consumado la expulsión de la cultura religiosa católica de la escuela pública. También parece que ya no sea una cuestión a la que otorgar atención la situación del matrimonio que la resumiría en tres puntos. Uno, cada vez se casa menos gente. Dos, dentro de esta reducción, la proporción de matrimonios católicos es cada vez más escasa. Y tres, el matrimonio homosexual ha enviado un mensaje a la sociedad profundamente equívoco, el matrimonio como proyecto de vida de una pareja sin más, en lugar de lo que realmente es: la institución constituida a lo largo de la historia para asegurar la descendencia, y su cuidado y educación. La pérdida de este hilo conductor tiene un elevado coste en todos los órdenes para la felicidad personal y por el buen funcionamiento social.

Por sí solo constituye todo un gran capítulo la concreción de aquellos aspectos de la doctrina social de la Iglesia relacionados con la justicia social. Es una evidencia que los beneficios de la recuperación económica no se están distribuyendo de una forma justa y eso también nos interpela a todos. Si como cristianos debemos escandalizarnos lo tenemos que hacer por todos los motivos de escándalo, y no sólo por aquellos que encajan mejor con nuestra ideología personal.

Un último apunte. La división de nuestro país en dos bloques cada vez más irreconciliables, y al mismo tiempo la fragmentación que se da dentro de cada uno de ellos, más allá del proyecto político es en su trasfondo una consecuencia de la cultura de la desvinculación que nos domina, y que nos conduce a la atomización social y por tanto a la decadencia.

La imposibilidad por el diálogo, el debate racional, la intolerancia, la facilidad para la descalificación del otro, negarle toda justificación a su posición que caracteriza el conflicto que vivimos en Cataluña, no es un hecho nuevo. Lo vivimos desde hace años si bien en otro ámbito: la perspectiva de género y el planteamiento LGBTI han anticipado este tipo de actitudes y comportamientos, negando el pan y la sal a quien diferían de sus tesis. Han preparado a mucha gente para comportarse de esta manera. Esta es una reflexión que no deberíamos perder de vista. Las dinámicas sociales no surgen como una seta, ni tienen una única causa.

¡Os deseo una feliz Navidad!

#AhoraConcordia

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Cas Morín

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