El país que dejamos que nos hagan. Carta Semanal de Josep Miró

No todo se acaba en Referéndum sí o no. A pesar de su importancia hay otras cuestiones que hay que seguir para que van definiendo una determinada configuración del país. Mentalidades, leyes, acciones de gobierno, lenguaje político van dibujando el marco dentro del cual funcionamos, especialmente las generaciones más jóvenes porque no tienen elementos de contraste previos.

Por esta razón, dos hechos de esta semana, no del todo bien atendidos por los medios de comunicación, deberían ser motivo de reflexión atenta. El primero es el convenio que ha firmado el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona que depende del Ayuntamiento y una llamada Asociación Catalana para la Integración de Homosexuales, Bisexuales y Transexuales Inmigrantes. Despojado de su lenguaje estándar significa que les cederán gratuitamente pisos del Patronato durante un año y que dicha Asociación Catalana para la Integración de Homosexuales, Bisexuales y Transexuales Inmigrantes, se hará cargo del pago de los alquileres. Hay que decir que esta asociación por su parte depende con todo y para todo de la subvención pública. En definitiva, un mecanismo por el que la vivienda pública con dinero público es entregada como prestación gratuita a personas refugiadas por el hecho de que son LGBTI. De momento han comenzando con dos pisos (tampoco hay tantos refugiados que tengan esa condición, aunque con incentivos de este tipo seguro que aumentarán) y sitúa el precedente para poderlo ampliar con lo que sea necesario. ¿Recordáis lo que dijo la alcaldesa cuando se pidió que se diera acogida con carácter prioritario a los cristianos perseguidos que venían como refugiados? Tachó de contraria a los derechos humanos esta afirmación aunque menos de dos meses antes el Ayuntamiento había adoptado una declaración en la que afirmaba lo mismo pero referido a las personas LGBTI. La pregunta que nos debemos hacer es por qué este grupo es depositario de leyes (la catalana de 2014), derechos, subvenciones, ayudas, que no tiene ningún otro colectivo mucho más necesidado. Los refugiados, los pobres, los inmigrantes que no son LGBTI, no están en condiciones económicas ni sociales de celebrar grandes fiestas con motivo del orgullo de su condición, ni grandes festivales de verano que duran una semana y que además nos son vendidos, como el reciente de Madrid, como una gran inyección económica, que normalmente se exagera, pero que es cierta. ¿Cómo se puede ser a la vez un grupo discriminado y un grupo de alta gasto económico? ¿Por qué necesitan tantas subvenciones si pueden realizar gastos tan descomunales, como estas grandes celebraciones? Cáritas debería ser de los primeros en preguntarlo, por la discriminación hacia los discriminados que entraña. Pero hay miedo. ¿Por qué?

La reflexión a la que os invito también se hace extensiva a la actitud del gobierno municipal de Barcelona.

La segunda cuestión, que ésta sí lo has visto probablemente en los medios de comunicación, es la iniciativa de la CUP del distrito de Ciutat Vella de Barcelona de pedir que el Ayuntamiento expropiara la Catedral de Barcelona porque ya no se dedicaba al culto y sólo era una atracción turística. Naturalmente la resolución es tan absurda que no ha sido apoyada por ningún grupo municipal, pero demuestra una actitud, una forma de ver la realidad eclesial. Pero esta llamada de atención no quedaría completa si no te recordara cuál era la fotografía del día antes en la aparecen los ocho diputados del Parlament de Catalunya, que presentaron el texto de lo que se quiere que sea una ley sobre el Referéndum. La imagen llamaba la atención porque de estos ocho diputados, cuatro pertenecían a la mayoría de gobierno de Junts pel Sí, pero los otros cuatro, por lo tanto en situación de paridad, eran de la CUP que con diez diputados es el grupo más pequeño de la Cámara. Lo que haga y piense la CUP (lo que nos importa a e-Cristianos, que no es el debate de política de partidos) no está en función de su peso electoral sino del predominio que tiene sobre la mayoría de gobierno manifestada en multitud de aspectos, como la insólita sustitución del Presidente de la Generalitat porque así lo exigieron.

El vector ideológico de descristianización cabalga a caballo de la necesidad política. En otros términos la defensa de los derechos y la libertad religiosa se sitúa en segundo término en relación al objetivo político que en cada momento sea necesario alcanzar. La propuesta municipal de la CUP puede ser una anécdota de mal gusto, pero la mentalidad que impera no tiene nada de anecdótico.

Contad con mi amistad.

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Cas Morín

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