El trágico carnaval del sexo

De ForumLibertas.com

 

Vivimos en la sociedad donde impera la cultura de la desvinculación, aquella que sostiene que todo vínculo jurídico o fruto de la tradición, personal o colectivo, basado en el compromiso religioso o filosófico, debe ser adaptado al impulso del deseo, o destruido, porque la principal forma de realización personal es individual y pasa necesariamente por satisfacer su pulsión. Es su imperio, el de la cupiditasque necesariamente cosifica al otro, porque su fin principal es satisfacernos a nosotros mismos. De ahí que el sexo, uno de los deseos más poderosos, se haya convertido en uno de los ejes de la sociedad. Solo hace falta observar el tipo de comportamientos que muchos padres asumen de sus hijos, la forma de vestir, especialmente las chicas, los programas de televisión, aunque lo más significativo seguramente sea el tipo oficial, de educación sexual que se imparte en las escuelas que se resume en un punto: como mantener relaciones sexuales sin riesgo de embarazo. ¡Qué desastre, que inmenso desastre! Después, el feminismo de género criticará, hasta conseguir su supresión, a las azafatas que acompañaban a los corredores de “Formula 1” en sus recorridos hasta los coches y en el reparto de premios, pero al mismo tiempo vierten improperios contra quien sostiene que es necesaria una mejor mesura en el vestir de determinadas chicas. Y esto es así porque la ética desvinculada es por su propia ontología híper individualista, necesariamente fragmentada, y esa atomización y subjetivismo conduce a formulaciones necesariamente contradictorias, como la de censurar la forma de vestir femenina según y cómo. Leer más.

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Cas Morín

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