La masacre de los coptos y el genocidio de los cristianos de Oriente. Una reflexión y un llamamiento necesario

Los dos nuevos y cruentos atentados contra los coptos por parte del Daesh, son por su reiteración una acción que va más allá del terror para introducirse en el ámbito genocida: la voluntad de exterminar, y ahuyentar a un pueblo de su país. Antes de estos últimos hechos, los asesinatos de cristianos que viven en la Península del Sinaí y las amenazas a la población residente han provocado una nueva huida.
Todo ello, como antes en otros países (Irak, Siria) provoca la expulsión de los cristianos de los territorios, para que pasen a ser ocupados por grupos musulmanes. No difiere sustancialmente de lo que sucedió en Bosnia, con la diferencia que allí las víctimas eran sobre todo musulmanas.
Pero hay otra diferencia terrible con el caso bosnio: la debilidad, la indolencia, el desinterés de los países europeos, de las organizaciones internacionales, de Estados Unidos, frente a estas prácticas genocidas. Es como si el hecho de que la masacre fuera cristiana hace que tenga menos gravedad. Es una actitud terrible, como son abominables aquellos que matan y persiguen a sus hermanos en nombre de un dios, que sólo es un ídolo inventado por la parte más oscura del corazón humano.
Pedimos que el Islam manifieste realmente su condición de religión de paz con testigos de rechazo a los hechos y de fraternidad con los cristianos.
Pedimos a nuestra Iglesia, a sus sacerdotes y laicos, mayor dedicación y testimonio de denuncia y de fraternidad: son escasas las referencias a aquella persecución y sólo después de algún hecho extraordinario. Es en el día a día que hay que construir la sensibilidad y la práctica de denuncia y ayuda.
Reclamamos de la Unión Europea y a sus Estados miembros una acción más vigorosa en favor de los cristianos. Una mayor atención y tensión por este hecho.
Pedimos a la Organización de las Naciones Unidas que considere la condición de genocidio en la persecución que están sufriendo los cristianos de la región, y que actúe en consecuencia.
Y pedimos también a todo el mundo una mayor conciencia y compromiso: la desaparición por asesinato o expulsión de los Cristianos de Oriente sería un daño irreparable para la humanidad, y un motivo más de degradación de Europa y de nuestro país.
No se trata tanto de ayudar a los que son refugiados, que también hay que hacerlo, como de actuar decididamente para lograr que puedan vivir en paz en sus lugares de origen. Este es el gran reto para el que hay que exigir respuesta.

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Cas Morín

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