La Moreneta, Arran y Cataluña

De CatDiàleg.cat

 

La montaña de Montserrat es el símbolo a la vez religioso y secular de Cataluña, como también lo es Sant Jordi. En ella, el Monasterio y la Virgen, la Moreneta, son los dos signos principales. Durante la Guerra Civil el asalto al Monasterio, su destrucción, y la persecución de los monjes hicieron un daño extraordinario a las filas de los seguidores de la Generalitat republicana.

Ahora, Arran, el “grupo de choque” post moderno y juvenil de la CUP, no ha tenido otra idea que, el día antes de la fiesta de la Virgen de Montserrat, grabar un vídeo en el camerino de la Virgen con dos, reales o presuntos, lesbianas demostrando su pasión sexual.

Obviamente es una profanación del significado del lugar y de la imagen hecho con la única voluntad de provocar, como señala la declaración que acompaña la grabación. El resultado es una ofensa deliberada a los sentimientos religiosos de los católicos, mucho más allá del ámbito catalán y, por supuesto, de los catalanes, y más allá también, de los creyentes. ¿Quién puede compartir este maltrato a un símbolo de Cataluña?

Las denuncias por un posible delito contemplado en el Código Penal harán su vía, pero a nosotros nos interesa más destacar la significación ética y política del hecho.

Es sabido que el Proceso depende en todo y por todo de la CUP porque así lo quiso la táctica de Juntos por Sí, y en particular del entonces presidente, Artur Mas. A pesar de su esmirriada representación parlamentaria con tendencia a la baja, alcanzaron un record Guinness: la dimisión del propio presidente de la Generalitat.

La cuestión es ésta: ¿cuál es la Cataluña que nos ofrece esta alianza cuando actúan de esta manera contra el sentimiento de los cristianos de Cataluña y de Montserrat? En un país independiente, como dicen que es su objetivo, ¿cuál sería la situación de los católicos, de la Iglesia, de sus templos e imágenes, que son también patrimonio histórico de todo el pueblo? La respuesta es obvia: el peligro, la profanación, la represión de una religión que consideran “opresora” y un enemigo a batir.

Desde el punto de vista de las fuerzas que prometen un país mejor en nombre de la independencia este acto es radicalmente inaceptable y deben denunciarlo como la práctica de unos sinvergüenzas, de unos gamberros que confunden la política con la destrucción. Esta gente no tiene manías. ¿Qué haría si tuviera una parte real del poder de un Estado? Si la denuncia contundente no se produce, empezando por el propio presidente de la Generalitat, su complicidad será total.

Y aunque un segundo aspecto. El Procés está aislado internacionalmente. Hechos como este asociándolos al campo independentista, lo único que hacen es acentuar el rechazo de los estados. Parece mentira que a estas alturas de la película JxSí no sea consciente de que la dependencia de la CUP perjudica, y mucho, su proyecto.

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Cas Morín

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