La plegaria es la fuerza de los cristianos. Carta Semanal de Josep Miró

Estimado amigo / Estimada amiga,

Cuando recibas mi carta semanal estaremos a punto de que nuestro país viva un momento particularmente difícil, con más incertidumbres que seguridades, y con más posibilidad de división y conflicto que de paz y cohesión. No veáis con esta introducción ninguna toma de posición política y sí la voluntad de describir algunos factores evidentes del escenario en el que nos encontraremos a partir del 1 de octubre. Porque muchas veces lo que no se tiene suficientemente en cuenta es que después de ese día vendrá el 2, el 27, el 8 de diciembre y muchos otros. Y las condiciones en las que se desarrolle nuestra vida son esenciales. Es lo que la Iglesia define como bien común.

En este contexto tan difícil pienso que la declaración de la Conferencia Episcopal Española, que sigue el hilo de la de los obispos de la Tarraconense, señala el buen camino desde la conciencia católica. Lo resumo. En primer término una llamada a la oración que es, en demasiadas ocasiones se nos olvida, la gran fuerza de los cristianos. Segundo, la gravedad de la situación. Tercero, la llamada a dialogar desde la verdad. Antes de querer establecer este diálogo para transaccionar y negociar, es necesario asumir que cada una de las posiciones confrontadas tiene una parte de la verdad, más grande o más pequeña, pero una parte. Como en un espejo roto, se trata de recomponer de la mejor manera posible los trozos y devolverle la forma. Si este espíritu preside la política, si nadie se cree con la posesión de la verdad absoluta mundana, todo irá mejor. Hay que recordar una condición elemental de la democracia y el pluralismo. La primera existe porque hay varias visiones de la realidad, es decir de la verdad. Y la práctica democrática no es otra cosa que articularlas todas ellas de la mejor manera posible.

Esta tarea, este criterio de asumir que en las cosas de la tierra sólo tenemos parcelas de verdad deberíamos impelerlo a los cristianos. Enviarlo al conjunto de la sociedad para que al menos desde ella y desde la fuerza de la civilidad pudiéramos rehacer todo lo que está dañado.

e-Cristians es una manifestación clara y concreta de cómo podemos tener una presencia en la vida pública desde el servicio a la Iglesia y superando los criterios políticos que cada uno puede tener individualmente. El bien más preciado que hay que preservar es la unidad de los católicos ya de por sí muy dañada. No ayudan a esta las actitudes de algunos sacerdotes, religiosos y religiosas que anteponen su particular ideología a la necesidad de preservar la unidad que como bien explica el propio Jesús es la condición necesaria para que el pueblo de Dios no quede destruido.

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Cas Morín

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