Qué el Procés no nos divida. Carta Semanal de Josep Miró

En la medida que se acerca el día 1 de octubre la tensión sube de tono y el potencial del conflicto crece. Esta división política, y también social, no nos puede dividir como miembros de la Iglesia. Los obispos de la Tarraconense han sido especialmente cuidadosos y benéficos en esta cuestión, a pesar de que personalmente pueden tener puntos de vista discordantes. No nos debe dividir porque desde la doctrina social de la Iglesia es bien legítimo optar por la independencia de Cataluña, u oponerse a ella por razones diversas, y eso no altera nuestra comunión eclesial. Si lo hiciera, querría decir que las ideologías se imponen por encima del mensaje de unidad en Cristo, que San Pablo reitera.

Naturalmente esta libertad de acción no es sinónimo de carta blanca. Hay que respetar al mismo tiempo los criterios de orden personal y colectivo que la propia doctrina social de la Iglesia establece. De entre todos ellos el respeto a las personas, el espíritu de concordia, la búsqueda de la paz y el diálogo son determinantes.

En este sentido me atrevo a formular dos criterios prácticos de orden personal. Uno, el ser críticamente exigente con los “nuestros” en el sentido de velar por que sus actuaciones y palabras sean respetuosas, verdaderas; no engañen, ni provoquen el nacimiento de un espíritu violento con los de “el atrio bando”. Creerse en definitiva que unos y otros proponen lo que proponen y actúan como actúan para construir o preservar el bien común. Ser bondadoso en definitiva.

El otro criterio es muy a ras de suelo. Se puede anunciar así: Después del 1 de octubre vendrá el 2… y el 3, y los siguientes. Los católicos, pensamos como pensamos, debemos contribuir a buscar espacios de diálogo y de entendimiento. Tenemos un gran ejemplo. Cuando las grandes controversias medievales entre agustinianos y aristotélicos, que estuvieron a punto de fracturar la incipiente y frágil civilización que nacía, Santo Tomás de Aquino fue capaz de construir una metodología y con ella una obra inmensa que permitió superar diferencias que parecían irreconciliables, de hecho eran los que se enfrentaban a sistemas de pensar inefables en relación uno del otro.

Ese mismo espíritu es el que debemos preservar. La inteligencia guiada por la fe lo puede todo.

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Cas Morín

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