Una semana muy complicada. Carta Semanal de Josep Miró

Estimados amigos y estimadas amigas:

Una semana muy complicada, y con un horizonte no mejor, pero no hay ninguna dificultad ni ninguna oscuridad que la fe no supere y no ilumine. Puede ser uno de nuestros problemas. El problema es que nuestra fe es insuficiente cuando la confrontamos con la realidad.

Quisiera señalar brevemente dos temas:

El primero es que ya se ha producido la resolución del Parlamento de Cataluña en su Comisión de Derechos de las Personas en la que “rechaza las declaraciones homófobas del obispo Novell” (puede leer la información completa aquí). No ha servido el razonamiento documentado con literatura científica constatando que efectivamente tiene impacto la ausencia de una de las figuras paternas en la educación del hijo, que era la pregunta – ni siquiera era una afirmación- que se hacía el obispo, en el contexto de un escrito más amplio comentando aspectos de Amoris Leticia, y que se ha querido calificar de homofóbico, ni el sobreseimiento del expediente que le había abierto la Generalitat. Los partidos políticos del Parlament por iniciativa del PSC, y con el acuerdo del PDCAT, y obviamente de la CUP y de ERC, Catalunya Sí que es Pot, Ciudadanos, ha tomado este acuerdo, que estigmatiza a un obispo catalán. Es la primera vez que sucede y es un precedente gravísimo que ha sido acogido con silencio por los obispos de la Tarraconense.

Significa un gran limitación a la libertad de expresión hecho desde el propio Parlament, que envía una señal contundente a la Iglesia, y a los ciudadanos: “no se os ocurra preguntaros determinadas cosas”, siempre relacionadas con la Perspectiva de Género y GLBT. ¡El Parlament actúa como censor de opiniones y personas concretas! Más que de un parlamento occidental es propio de la Asamblea Robesperiana de la Revolución Francesa.

Soy muy consciente de que un buen número de católicos comprometidos y preparados, son partidarios de dejar correr estas cuestiones, de dejar hacer, y otro grueso lo ignora, no lo considera. No puedo compartir el punto de vista. Sé lo difícil que es abordarlo. El acuerdo del Parlament es un ejemplo, pero si la dificultad nos disuade de lo que es necesario, nuestra fe y la concepción del ser humano que conlleva se gasificará, y diluirá en la atmósfera general. La sal que ya no sala, la levadura que no fermenta porque es inerte. Hay que actuar en este plan para cambiar la cultura hegemónica, eso es incuestionable. Lo que sí es cuestión es el cómo, en eso estamos, y trabajamos. Te invito a participar, a dar tu opinión.

El segundo tema se refiere al Referéndum. Considero que interpreto bien las orientaciones de nuestros obispos de la Tarraconense, si afirmo que desde el punto de vista doctrinal nada se opone a que un católico sea favorable a votar afirmativamente el día 1 de octubre, o por el contrario rechace participar. Ninguno de los dos actos humanos es contrario a las exigencias de nuestra fe porque forma parte de lo opinable de acuerdo con ella. Es evidente que esta afirmación puede incorporar muchas matizaciones relacionadas con la consecución del bien común, que debe ser el de todos, y sobre la forma de conseguirlo, en la paz civil y la concordia. Pero matizaciones incluidas la opción está abierta.

Siendo así, lo prioritario, esencial, es que el conflicto político no nos divida en el seno de la Iglesia. Lo que nos debe importar por encima de todo es la unidad del Pueblo de Dios. Que ninguna cuestión temporal, ninguna política, ninguna ideología, nos divida. Después del 1 de octubre tenemos que estar más unidos que antes, y eso significa que ninguno de los intereses en pugna puede instrumentalizar la Iglesia y el seguimiento de Jesucristo en nombre de una determinada orientación política. La política para un católico se supedita a la fe en lo que le corresponda o es independiente de ella, cuando no le afecta, pero en ningún caso la fe puede estar supeditada a la política.

Dentro de esta lógica sostengo que es inapropiado todo intento de utilizar edificios relacionados con lo Sagrado como centro de votación o cualquier otra actividad política. Ningún miembro de la Iglesia es propietario de aquellos edificios que pertenecen a la Iglesia en su conjunto, con una titularidad jurídica concretada en la diócesis o la congregación, y sería un abuso y una apropiación de lo que no le pertenece, decidirse un uso que además no le corresponde. Reclamamos laicidad y separación de Iglesia y estado, pero muchos de los que lo reclaman son los primeros en mezclarlo cuando les interesa por razones políticas.

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Cas Morín

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