Reflexiones sobre la Santa Sede y la Unión Europea


Intervención en la clausura de la Convención de Cristianos por Europa

Agradezco vivamente la amable invitación que la Convención de Cristianos por Europa me formuló para dirigirles unas breves palabras sobre la Santa Sede y Europa. Acepté con mucho gusto dicha invitación, pues en ella veo el cariño de ustedes hacia Su Santidad Juan Pablo II, a quien tengo el honor de representar en España. Me alegra, además, conocerles y saber del interés que tienen en ser ciudadanos activos de la construcción de la nueva Europa.

Los profundos cambios de Europa del Este, acaecidos en pocas semanas en 1989, muestran el fracaso de una ideología atea y deben prevenir sobre los riesgos de construir una sociedad cerrada a los valores espirituales y morales. Nos encontramos, hoy, con un laicismo exasperado que pretende quitar de las Comunidades Europeas los valores que las convirtieron en lo que son, y con un laicismo más moderado, galopante, que reduce la religión al ámbito de la conciencia personal y las Iglesias, a organizaciones no gubernamentales. Viene, pues, muy a propósito este vuestro encuentro. Ésta es la estructura de mi intervención:

  1. Europa y sus herencias
  2. De la confrontación a la Unión
  3. Dos tendencias:

    3.1. Mera coordinación de recursos (inglesa):

    • 1948:Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), transformada en 1963 en Organización de Cooperación y Desarrollo (OCDE);
    • 1949: Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN);
    • 1949: Consejo de Europa;
    • 1958: Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).

    3.2. Integración, transferencia de competencias de los Estados a una organización o instancia internacional (franco – belga).

  4. Interés de los Papas y de la Iglesia Católica
  5. Ordenamiento jurídico »laico» de la Unión Europea
  6. Presencia de la Iglesia
  7. Papel de los cristianos del siglo XXI

1. Europa y sus herencias

Sabemos que Europa significa sobre todo una civilización, síntesis de las herencias helénica, judía, romana y, sobre todo, cristiana. De la helénica podemos subrayar la aportación filosófica, especialmente con Platón y Aristóteles. De la judía, el monoteísmo. De la romana, la contribución al sistema administrativo de territorios y de personas, así como al Derecho. De la herencia cristiana, un concepto nuevo del hombre con respecto a Dios, a sí mismo y al prójimo.

2. De la confrontación a la unión

Dejando a un lado las vicisitudes de la Europa del Medioevo y de la Europa moderna, llegamos a las dos terribles guerras mundiales: de 1914 a 1918 y de 1939 a 1945. Las tremendas consecuencias de la guerra sacudieron la conciencia de muchos europeos. Hombres como Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer, Robert Schuman o Jean Monnet analizaban la situación de una Europa deshecha y buscaban una solución a la crisis.

Surgieron organizaciones u organismos que, atendiendo a sus fines, se pueden clasificar en dos grupos distintos, que representan dos tendencias. Ambas convergen en una misma idea: la guerra no tiene sentido. Divergían, en cambio, sobre el modo de proceder. Unos hablaban de encuentros, de colaboración y de una mera coordinación de recursos (posición inglesa). Otros, más osados, proponían una integración de países con la consecuente transferencia de competencias de los estados a una organización o instancia internacional (tesis franco-belga).

3. Dos tendencias:

  1. Mera coordinación de recursos (inglesa):
    • 1948: Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), transformada en 1963 en Organización de Cooperación y Desarrollo (OCDE).
    • 1949: Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
    • 1949: Consejo de Europa.
    • 1958: Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).
  2. Integración, transferencia de competencias de los Estados a una organización o instancia internacional (franco-belga):
    • 1951: Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), Tratado de París.
    • 1957: Comunidad Económica Europea (CEE), Tratado de Roma.
    • 1997: Principios comunes a la Unión Europea, Tratado de Amsterdam.
    • 2001: Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Tratado de Niza.
    • 2002: Convención Europea sobre el futuro de Europa;
    • 2002: Anteproyecto de Tratado Constitucional.

4. Interés de los Papas y de la Iglesia Católica

Los Papas de la Europa moderna y contemporánea han compartido vivamente con sus contemporáneos las ilusiones y las desilusiones, las tragedias y los terribles resultados de las guerras que duramente golpearon ciudades y aldeas, así como a sus gentes. A todos han llevado tempestivamente la Palabra del Señor, mensaje de justicia, de amor y de paz. Ésta es la misión que les ha sido confiada.

Ayer, como hoy, la Iglesia no busca el poder ni tiene pretensiones políticas. Procura ofrecer a los hombres y mujeres de su tiempo, con libertad, su reflexión sobre la realidad social a la luz del mensaje de Cristo, proponiendo líneas de conducta. Procura dar respuesta a las preguntas éticas de la sociedad. No se trata de una moral abstracta o de un sistema utópico, ni siquiera de una ideología o teoría. Ni mucho menos es un ejercicio de poder camuflado. Se trata de una reflexión a la luz de los principios de la razón, del derecho natural, del Evangelio y de la experiencia.

Por si alguna duda pudiera quedar, escuchemos lo que dice Albert Einstein, Premio Nobel: »Cuando tuvo lugar la revolución en Alemania, miré con confianza a las universidades… pero las universidades fueron amordazadas. Entonces confié en los grandes editores de los diarios que proclamaban su amor por la libertad… pero ellos también tuvieron que callar. Sólo la Iglesia permaneció firme para cerrar el camino a las campañas de Hitler, que pretendían suprimir la verdad. Antes, nunca había experimentado un interés particular por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración» (THE TIMES, 1940).

Golda Meir, primera ministra israelí de 1969 a 1974, decía esto: »Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó a favor de las víctimas».

Pablo VI (1963 – 1978)

A los obispos europeos, reunidos en Simposio en Roma el 18 de octubre de 1975, Pablo VI recordaba los intentos de unificación de Europa en el tiempo de los imperios romano, carolingio y germánico, y notaba que, sin embargo, más profundamente la ha marcado la civilización grecorromana y más todavía la cultura cristiana. »Ne peut-on dire que c’est la foi, la foi chrétienne, la foi catholique, qui a fait l’Europe, au point d’en être l’âme? (…) nous ne sommes pas, nous Evêques, les artisans de l’unité au plan temporel, au plan politique. La foi, dont nous sommes les serviteurs, n’est pas un élément politique. Elle se reçoit librement de Dieu, par le Christ, dans l’Esprit Saint. Et que lait-elle? Elle donne un sons à la vie des hommes, révélant leur inspire une vraie charité, génératrice de justice et de paix, qui les pousse au respect de l’autre dans la complémentarité, au partage a la collaboration, au souci des plus défavorisés. Elle affine les conscience» (Fortunato P. Mizzi, L’Unione Europea nei Documenti Pontifici, 1979, p. 266).

Juan Pablo II (1978 – )

Continuando la línea de sus predecesores, Juan Pablo II acentuó la importancia de los valores espirituales en la construcción de la nueva Europa. Elegido el 16 de octubre de 1978, el 20 de diciembre del mismo año, recordando palabras de Pablo VI, invitaba a los obispos reunidos en Roma, en el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CC.EE.), a »despertar el alma cristiana de Europa en la cual tiene su raíz la unidad». Desde entonces, no ha dejado de mostrar continuamente su empeño en la construcción de una Europa unida, solidaria y anclada en los valores de la civilización cristiana.

5. Ordenamiento jurídico »laico» de la Unión Europea

El marco jurídico de la Unión Europea, es decir, el conjunto de sus sucesivas normas jurídicas fundamentales -desde el Tratado de Roma firmado en 1957, hasta el de Amsterdam, firmado el 2 de octubre de 1997-, es nítidamente »laico», ya que presenta la »neutralidad» de las instituciones europeas sobre el hecho religioso. Es significativo que el Acta final de la Conferencia preparatoria del referido Tratado de Amsterdam incluya la declaración número 11, relativa al »Estatuto de las Iglesias y de las organizaciones no confesionales». En el escrito, se lee:

»L’Union européenne respecte et ne préjuge pas le statut dont bénéficient, en vertu du droit national, les Eglises et les associations on communautés religieuses dans les Etats membres. L’Union européenne respecte également le Statut des organisations philosophiques et non confessionnelles».

Estos dos párrafos son el único texto sobre las Iglesias y las asociaciones religiosas que se puede encontrar entre las miles de páginas que configuran el ordenamiento jurídico de las instituciones de la Unión Europea. Las Iglesias quedan reducidas al marco legal de cada Estado miembro, respetado naturalmente por la misma Unión. La Unión Europea manifiesta su deseo y, en realidad, se presenta »laica» o »neutral» ante el hecho religioso. Diversos grupos »laicistas» son incansables en el intento de llevar hasta el final sus planes, aun cuando sea necesario discutir hasta altas horas de la noche, como lo hicieron antes de la firma del Tratado de Amsterdam.

6. Presencia de la Iglesia en la Unión Europea

La Iglesia cuenta con una presencia oficial en las Instituciones europeas, ya que éstas reconocen la personalidad jurídica internacional de la Santa Sede. En noviembre de 1970, fueron establecidas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y las Comunidades Europeas, en orden a mantener contactos institucionales más frecuentes y fluidos. Además de esta presencia oficial, hay contactos y diálogo, que podríamos decir de carácter informal, entre la Unión Europea y la Iglesia católica, así como entre la Unión Europea y otras denominaciones religiosas.

Debemos trabajar, pues, concomitantemente en Bruselas y en cada país, sea al nivel de los Parlamentos nacionales, sea al nivel de Gobiernos, dada la necesidad del consenso y teniendo en cuenta que la decisión la llevan los ministros de cada país al Consejo de Ministros de la Unión Europea.

Desde la Comunidad Europea del Carbón y del Acero de 1951 y el Tratado de Roma de 1957, origen del Mercado Común, al Tratado de Maastricht, que da luz verde a la moneda única que empezó a circular este año de 2002, la Unión Europa ha dado pasos nunca vistos en la historia de la humanidad. Es, sin duda alguna, modelo a seguir en el no fácil camino de la fructuosa integración de los pueblos. Sin embargo, no todo son rosas en la Unión Europea. Hay desafíos que esperan la aportación de los cristianos.

Los medios de comunicación informan en estas últimas semanas sobre la necesaria reforma de las instituciones europeas y, más detalladamente, sobre el texto del proyecto de su Carta Magna, encargado a un grupo de representantes de los países miembros, presidido por el ex presidente francés Valery Giscard D’Estaing. Las cartas magnas o constituciones del siglo pasado de todos los países de Europa occidental, Estados Unidos, Canadá y América Latina mencionan el nombre de Dios, reconocen y respetan el derecho de las Iglesias y de las comunidades religiosas a organizarse libremente dentro del marco de las leyes nacionales y admiten la identidad específica de las Iglesias y de las comunidades religiosas, así como el diálogo estructurado con ellas.

Sin embargo, en las últimas décadas, algunos documentos de agencias, primero, y organismos internacionales y de entidades superiores, después, ignoran a la Iglesia y las comunidades religiosas, y procuran reducir la religión a lo personal, a lo privado, así como hacer desaparecer de la vida pública el hecho religioso.

7. Papel de los cristianos del siglo XXI

¿Qué debe hacer el cristiano del siglo XXI? Los discípulos de Cristo de hoy deben hacer lo mismo que han hecho los de ayer: llevar el mensaje del Señor, que es de justicia, amor y paz, al hogar, al país, a la Unión Europea y al mundo. La palabra »cristiano» designa: al seguidor de Cristo, al que desea conocer cada vez mejor a Cristo, al que desea configurarse a Cristo y al que está llamado a anunciar a Cristo. Recordemos que valores como el perdón, el amor al prójimo, la solidaridad o la subsidiaridad, esenciales para el cristianismo, han sido llevados a las instituciones europeas por sus fundadores cristianos, entre los que se distinguen Robert Schuman, Jean Monnet, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer. Sobre los tres primeros, que vivieron ejemplarmente las virtudes humanas y divinas, está en estudio el proceso de beatificación.

A los cristianos de hoy, que somos nosotros, el Maestro nos llama a seguir las huellas de nuestros predecesores insignes. Se requiere confianza ilimitada en Dios, coraje, ser intrépido, honestidad intelectual y trabajo constante.


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