Carta Semanal de Josep Miró: Ante la injusticia y la irresponsabilidad, la celebración de la Navidad nos pide confiar en Dios

Apreciado amigo/Apreciada amiga:

La Navidad lo llena todo y, por tanto, es el primer objetivo de mi carta. Desearte una Feliz Navidad que puedas disfrutar en la medida de lo posible con tus familiares y amigos. Siempre que la fiesta material bien legítima como en toda gran celebración humana, no nos oculte lo más importante de la Fiesta Pascua: Dios ha querido habitar entre nosotros y nos ha traído un anuncio de paz y de gozo, porque con independencia de cada circunstancia concreta encontramos en Él la esperanza y la seguridad que necesitamos.

Y ciertamente esta esperanza la necesitamos porque nuestras vidas se ven profundamente alteradas por el estrago de la covid, que es un mal surgido de la naturaleza, pero que multiplica sus efectos por la incapacidad e irresponsabilidad de quienes nos gobiernan. Quiero afirmar con rotundidad dos cosas:

  • Lo que ahora nos ocurre en las proximidades de Navidad y que amenaza y altera la vida de tantas personas y familias, era previsible. Se conocen perfectamente las limitaciones temporales de la inmunidad de la vacuna, que es de entre 5 y 6 meses para la mayoría de ellas y sólo 3 para la Astra Zeneca. Por tanto, se podían haber adoptado mucho antes medidas de prevención menos perjudiciales que las que ahora quiere aplicar Catalunya y que previsiblemente más tarde o más temprano se extenderán a otros lugares. Se trataba de avanzar muy rápidamente con la tercera dosis. Mientras tanto el presidente del gobierno presumía que éramos el país más vacunado de Europa, que esto marcaba la diferencia con lo que estaba pasando hacia el norte, pero se olvidaba de que muchos de los vacunados ya presentaban una resistencia muy baja a las vacunaciones, especialmente para la Ómicron. La idea de que nos ha vendido el poder sobre la inmunidad de grupo revela su inconsistencia. No hay tal cosa ni se le espera. Analizar el porqué, iría más allá del sentido de esta carta, pero ésta es una conclusión científica.
  • En realidad la incapacidad y la irresponsabilidad radica en que cuando nos acercamos al segundo año de la pandemia, España no tiene ninguna ley específica para luchar con eficacia y previsión contra este estrago. Y sigue sin tener una agencia de salud pública potente autónoma que pueda llevar a cabo una buena previsión. Y todo esto es a consecuencia de que los ciudadanos de este país hemos permitido que las autoridades tanto en España como en Catalunya, no rindieran cuentas de sus políticas contra la covid y los resultados obtenidos, para extraer las experiencias necesarias. Vamos por la sexta ola, somos uno de los países con más afectaciones de este tipo, superamos los 90.000 muertos oficiales, un terrible desastre, y en realidad superamos de largo los 100.000 de acuerdo con los datos de exceso de mortalidad. En Catalunya la caída en población a causa de las muertes ha sido extraordinaria. Deberíamos retroceder mucho para encontrar un fenómeno similar. El pasado año murieron 15.237 personas más que hace dos años. Y esa cifra da una clara idea de la magnitud de la tragedia.

Pero parece que todo esto poco importa y que la política sigue igual y que nuestra exigencia como ciudadanos y cristianos por la justicia permanece a niveles muy bajos.

Por toda esa desgracia que aún no ha terminado, necesitamos confiar y esperar y celebrar la Navidad con alegría porque Él es el único que nos puede dar esa gracia. Y al mismo tiempo, debemos repensar el hecho de que tenemos los gobernantes que nos merecemos y los muertos, hospitalizados y destrozos económicos que nos ganamos a pulso por tolerar que tan irresponsables personas nos gobiernen sin que el griterío por la injusticia sea tan fuerte que haga tambalear sus poltronas.

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