Carta Setmanal de Josep Miró: El gobierno español busca la división y el enfrentamiento

Apreciado amigo/Apreciada amiga:

Realmente somos muy desafortunados los ciudadanos de este país, porque la política que hacen los partidos en lugar de contribuir a resolver los problemas y facilitar nuestras vidas, hacen decididamente todo lo contrario. Esta actitud ya sería grave en condiciones normales, pero ahora es dramática y puede convertirse en trágica porque nos encontramos sometidos, por una parte a una nueva ola de la Covid-19 que puede llevar, según temen los expertos, a un nuevo desbordamiento del sistema hospitalario a finales de otoño principios de invierno, al tiempo que la crisis económica que todo esto provoca hace que España, por supuesto Cataluña y de una manera muy particular Barcelona, ​​sufra una crisis económica de proporciones nunca vistas, y lo que es peor, no presente según los organismos internacionales, perspectivas claras de recuperación. Bajo este panorama, no es necesario ser un cristiano convencido para darse cuenta de que la respuesta natural, la más humana, es buscar la mano del que tienes más cerca y hacer frente juntos a la adversidad.

En contra de esta respuesta natural, el gobierno español reproduce la misma estrategia de Zapatero y busca avivar el conflicto resucitando todo lo que es más divisivo. Como Zapatero, lleva adelante una nueva ley de la memoria histórica, si bien aún más agresiva que la anterior porque crea una Fiscalía que actuaría con efectos retroactivos sobre delitos cometidos por el franquismo. Pretende secularizar una basílica, la de la Santa Cruz en el Valle de los Caídos, y expulsar a la congregación de monjes benedictinos que se acoge. Se trata evidentemente de una construcción del franquismo pero que no puede dar pie, en nombre de la reconciliación, a la expulsión de la dimensión religiosa que posee, la católica, que como tal es previa y tiene una naturaleza propia. Si esta lógica se hubiera aplicado a lo largo de la historia de España, hoy quedarían muy pocos monasterios y conventos porque la mayoría de ellos se han construido con el beneplácito de los poderes políticos del momento. Particularmente grave por su carácter simbólico sería el derribo de la gran cruz del Valle porque daría lugar a una práctica que no se ha producido en Europa desde la desaparición del comunismo. Por si fuera poco, y también como Zapatero, se vuelve a introducir una nueva ley ideológica en la enseñanza y si entonces fue la educación «para la ciudadanía» ahora será la educación «de la memoria democrática«. Y por si todo ello fuera poco, impulsa en el Congreso otra ley tremendamente divisiva como es la de la eutanasia.

Lo que consiguió España con la transición, que fue una reconciliación entre los adversarios de la Guerra Civil, lo que por ejemplo permitió normalizar la presencia política muy importante del secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo, a pesar de su presunta implicación en la represión del bando republicano, ahora todo esto se remueve. El momento elegido no puede ser peor y nos tememos que es deliberado. Es una cortina de humo que desvía la atención y la responsabilidad política del gobierno en la crisis económica y la crisis sanitaria.

En nombre del bien común, no podemos estar más en desacuerdo.

PS: Por su interés, adjunto la Nota de la Conferencia Episcopal Española sobre la Eutanasia.

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